El potencial del vino japonés: los ‘siete samuráis’ que cimentaron el milagro de Yoichi
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La crítica de vinos más influyente del mundo alaba los vinos de Yoichi, prefectura de Hokkaidō. Algunos coleccionistas y potenciales comerciantes de vino del extranjero buscan ahora marcas de esta región. Esta nueva prosperidad tiene como trasfondo la historia de la reforma agrícola de la región en la década de 1980.
La buena fortuna tras la quiebra del negocio de las manzanas
En abril de 2025, Jancis Robinson, periodista de vinos y crítica británica, visitó Japón por primera vez en seis años. Con 50 años de experiencia en este ámbito, también cuenta con una columna en el periódico británico Financial Times, además de una página web propia (JancisRobinson.com) con suscriptores de más de 80 países del mundo. Se trata sin duda de la crítica de vinos con mayor influencia en todo el mundo.
El objetivo de su nueva visita a Japón era catar vinos nipones que en años recientes hubieran registrado una evolución notable, y actualizarse así al respecto. Con el apoyo de un periodista japonés que conocía de tiempo atrás, cató un total de 24 vinos: uno espumoso, 13 blancos y 10 tintos. De esos, otorgó una calificación igual o superior a 16,5 puntos (de un total de 20) a 16 vinos: siete blancos y nueve tintos. Vale la pena destacar que cinco de ellos se fabrican con vides de Yoichi, prefectura de Hokkaidō.
Desde hace aproximadamente cinco años, los vinos de esta región han comenzado a gozar de reconocimiento a escala internacional con una velocidad sin igual, hecho del que se habló en la primera parte de esta serie. Se suele pensar que este fenómeno data de 2010, cuando el pionero Soga Takahiko fundó la bodega Domaine Takahiko, pero realmente su base se había establecido 30 años antes de ese hecho.
El vino Nanatsumori Pinot Noir, de la bodega Domaine Takahiko, fue la llave que logró abrir la puerta del mundo a los vinos japoneses.
Soga Takahiko en el viñedo Nanatsumori.
La ciudad de Yoichi se halla en una zona relativamente templada dentro de la gélida prefectura de Hokkaidō. Desde el periodo Meiji (1868-1912) prosperó como zona de cultivo de manzanas, uvas, cerezas, peras japonesas nashi y otros árboles frutales. Sin embargo, en la década de 1970, a causa de la importación de frutas a precios bajos, comenzó a caer el valor del cultivo principal de la región: las manzanas. Esta tendencia continuó durante la década de 1980 y, en cierto momento, una caja (18 kilos) que originalmente había superado los 2.000 yenes, se llegó a vender entre 200 y 300 yenes, lo que llevó a algunos agricultores al borde de la desaparición.
Para superar esta dificultad, Fujimoto Tsuyoshi, Kimura Tadashi, Tasaki Masanobu, Nakai Hiroshi, Aki Shin’ichi, Hijino Shigeru y Hirose Kazuya, siete agricultores conocidos más tarde como los “siete samuráis”, tomaron en 1983 una decisión revolucionaria. Talaron los manzanos de sus campos y sembraron vides para la producción de vinos. Los agricultores estimaron que de esta manera podrían conseguir ingresos estables, ya que la mayoría de la cosecha de estas vides se vende por contrato a bodegas, y los precios no son tan susceptibles a los vaivenes del mercado. En un principio cultivaron variedades de vides adecuadas a zonas frías tales como seibel, müller-thurgau, kerner, zweigelt y pinot noir.
Unos años después, las cosechas superaron el volumen de los contratos con las bodegas. Fue entonces cuando otros agricultores, siguiendo su ejemplo, decidieron convertir sus cultivos y dedicarse a las vides para vinos. En la actualidad, en Yoichi hay 72 productores de este tipo de vides que ocupan 160 hectáreas de cultivo y producen cosechas con un volumen de 964,9 toneladas (según datos de la dirección de promoción de políticas de Yoichi; con excepción de la cifra sobre los productores, que es de 2024, los demás números corresponden a datos de 2023). Hokkaidō cuenta con el 30 % de cuota del mercado de la producción de vides para vinos de Japón, pero cerca de la mitad de dicho volumen proviene de Yoichi y la región cercana de Shiribeshi.
Soga Takahiko, de la bodega Domaine Takahiko, nos dice que una de las razones principales por las que eligió Yoichi para establecerse como agricultor reside en el hecho de que conocía la gran calidad de las uvas de la zona, además de que sabía que la región se especializaba en la producción de vides para vinos. Durante un cierto periodo, antes y después de convertirse en agricultor, hasta que sus propias vides maduraron, adquiría las uvas del viñedo Kimura, de Kimura Tadashi, y con estas lanzó un vino que pronto se hizo con una buena reputación y le permitió adentrarse por completo en el mundo de la fabricación de vinos.
El viñedo Nanatsumori, en el que antiguamente se cultivaban siete tipos de frutas.
Veinte años de prueba y error
En marzo de 2025, con los viñedos todavía cubiertos de nieve, hablamos con Kōji, hijo de Kimura Tadashi. Su viñedo es conocido desde hace mucho tiempo por la calidad de sus uvas pinot noir. La famosa bodega De Montille, oriunda de la región de Borgoña (Francia), que también cuenta con negocios en Hakodate (Hokkaidō), adquirió temporalmente las uvas de Kimura y otros viñedos de Yoichi y fabricó sus vinos por contrato hasta que terminó de instalar sus propios viñedos.
Kimura plantó por primera vez una vid de pinot noir en 1985. Los primeros años no pudo cosechar buenas uvas ya que no aumentaba el dulzor de los frutos y tampoco tomaban color.
Es bien sabido que los vinos hechos con pinot noir fascinan a quien los prueba por su alta calidad, pero también es importante mencionar que se trata de una variedad de difícil cultivo y débil ante las plagas y el mal clima. Mientras otros agricultores se daban por vencidos con la variedad pinot noir y cambiaban a otras, Kimura continuó tenazmente trabajando con estas vides. Una bodega que apoyó a Kimura desde mediados de los 90 con la compra de vides a través de contratos de adquisición fue la bodega Chitose Hokkaidō Chūō Budōshu. Esta firma confiaba en el potencial de Yoichi como región productora de pinot noir y apostó por ella.
Kimura Kōji, del viñedo Kimura, que desde la generación de su padre se dedica a la producción de vides.
Nos dice que se eligen los mejores árboles del viñedo para tomar esquejes y crear nuevos troncos; a este proceso se le llama masaru selection. A comparación del método con el que se adquieren clones de plantones, la selección es un proceso más complicado que la familia Kimura ha decidido continuar con tenacidad. Además, las vides se podan a una mayor altura y se dejan más hojas, con lo que se consigue una mayor acidez, característica de las uvas de Yoichi, se controla el volumen y se atrasa lo máximo posible la cosecha para conseguir que las vides maduren más. Todo esto lo logró a través de pruebas y errores de su propio estilo de producción.
Los resultados comenzaron a ser visibles unos 20 años después del cultivo de la primera vid.
En 2008, año en el que Kōji heredó el negocio familiar, se obtuvieron las uvas de mayor calidad hasta el momento. Estas fueron resultado de los grandes esfuerzos de la familia Kimura, pero también consecuencia del calentamiento global, que hizo que las temperaturas de Yoichi fueran más adecuadas para el cultivo de las uvas pinot noir (según datos del Centro de Investigación Agrícola de Hokkaidō, en 1998 la temperatura promedio durante la temporada de cultivo de las uvas superó los 14 grados, lo que representa un claro “cambio climático”). La fortuna los esperaba tras todos aquellos esfuerzos. Parte de la cosecha de aquel año llegó a las manos de Soga, del viñedo Obuse de Nagano, propiedad de su familia. Con esas uvas fabricó por primera vez el vino mencionado anteriormente.
Un comprador de vinos describe el sabor de las uvas de Kimura como único y erótico. El Pinot Noir Private Reserve 2021 del Vino de Norte de la Bodega Chitose y el Pinot Noir Gaku Etude 2020 de De Montille & Hokkaidō, hechos con vides de pinot noir del viñedo Kimura, fueron algunos de los vinos que recibieron buenas evaluaciones por parte de Jancis Robinson. En su visita anterior, hace seis años, Robinson había reconocido la calidad de los vinos blancos japoneses, pero en esta ocasión señaló el potencial de los vinos tintos. Agregó que tenía especial interés por los vinos de Hokkaidō y que le gustaría visitar la región.
Ettiene de Montille, de la bodega De Montille, oriundo de Borgoña; De Montille cuenta con una sucursal en Hokkaidō. En su mano sostiene el Odoroki Pinot Noir 2019, fabricado con uvas del viñedo de Kimura.
La relación perfecta entre el vino y los agricultores
Uno de los “siete samuráis” es el Nakai Kankō Nōen, a cargo de Nakai Jun, de la cuarta generación del negocio. Desde sus campos se puede disfrutar de la vista del cabo Shiripa, símbolo de Yoichi. En ellos se cultivan en total ocho tipos de uvas, principalmente vides para vino blanco como kerner y sauvignon blanc, además de pinot noir. Este viñedo ha aprovechado su gran experiencia en el cultivo de distintos árboles frutales para mantener la gran calidad de sus uvas. Además, cuentan con la férrea confianza de los vinicultores con los que tienen contratos.
Desde la colina del viñedo Nakai Kankō se pueden admirar la ciudad de Yoichi y el cabo Shiripa.
Este viñedo está a cargo de Mizuki, quinta generación, quien además de cultivar las vides, también se encarga de la fabricación de vinos. Estudió dos años en la bodega Domaine Takahiko y en 2023 obtuvo la licencia de vinicultor, tras lo cual fundó la bodega Domaine Mizuki Nakai el mismo año. En el verano de 2025 espera lanzar su primer vino, que ya reposa en los tanques de su bodega. Nos confiesa que no bebe mucho alcohol y que los vinos de sabor fuerte no son sus favoritos, razón por la cual se dedica a fabricar vinos rosados o blancos, suaves al gusto, que él mismo pueda disfrutar también. Esto representa precisamente el gusto de los jóvenes de hoy en día, así como su principio de acción.
A la izquierda, Nakai Mizuki en la bodega. Al principio mantuvo controladas sus inversiones y comenzó la producción con recursos mínimos, al estilo de Yoichi. A la derecha, su padre, Jun, que observa cuidadosamente la nueva aventura en la que se embarcó su hijo.
Soga Takahiko señala que desde que decidió convertirse en agricultor pensaba que si se conseguía que los agricultures llegaran a fabricar sus propios vinos, esto daría un gran impulso a Yoichi y convertiría la zona en un lugar muy productivo. La bodega de Mizuki (vitivinicultor que lleva a cabo todo el proceso: desde el cultivo de frutas, fabricación, maduración, hasta el embotellamiento) es, para Soga, el primer ejemplo de la relación ideal entre los agricultores y el vino. Si más agricultores fabrican sus propios vinos a partir de ahora, Yoichi podrá madurar como región productora.
El Nobori no oka es la marca del vino de la bodega Domaine Mizuki Nakai; toma su nombre del lugar donde se encuentra Nobori-chō y del japonés oka, “colina”, la zona geográfica donde están sus viñedos. Nakai Mizuki nos dice que este nombre es la forma perfecta para explicar la relación ideal entre Yoichi, los vinos y los agricultores.
Fotografías: Ukita Yasuyuki.
(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: uvas pinot noir inmediatamente después de ser cosechadas en Yoichi, Hokkaidō. Se trata de una variedad particularmente delicada de vides para vino.)
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