Japón y la cuestión del reconocimiento del Estado palestino
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Japón ha preferido no pronunciarse al respecto al reconocimiento del Estado palestino por el momento, priorizando sus buenas relaciones con Estados Unidos. La autora de este artículo sostiene que, siendo clara la postura japonesa de favorecer la solución de los dos Estados, Japón debería jugar la carta del reconocimiento una vez que, conseguido el cese de las hostilidades en Gaza, se haya iniciado la reconstrucción y restablecido en cierto grado las condiciones de seguridad.
En un ambiente de grave deterioro de la situación humanitaria en Gaza, donde la prolongación de los combates ha conducido a una hambruna, el periodo anual de sesiones de ONU, iniciado en septiembre, ha estado marcado por las cada vez más numerosas peticiones de un alto el fuego y de una resolución pacífica del conflicto. El 12 de dicho mes fue adoptada, con el apoyo de la mayoría absoluta de los países (142), la Declaración de Nueva York, que aboga por la solución de los dos Estados, Israel y Palestina. El día 22, asumida la presidencia conjuntamente por Francia y Arabia Saudí, se celebró la Conferencia Internacional de Alto Nivel para la Solución Pacífica de la Cuestión de Palestina y la Implementación de la Solución Biestatal. Paralelamente, un grupo de países entre los que figuraban algunos miembros del Grupo de los Siete (G7) como Francia, Reino Unido o Canadá, se sumaron a los que ya habían dado reconocimiento oficial al Estado palestino. Ha sido una serie de hechos que marcan un antes y un después en la historia de Oriente Medio, y que contagiaron una inusual vivacidad a la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Japón no se suma a la apuesta del Reino Unido y Francia
Si bien Japón apoyó con su voto la Declaración de Nueva York, una semana después su ministro de Asuntos Exteriores, Iwaya Takeshi, anunció en rueda de prensa que por el momento no daría su reconocimiento al Estado palestino, alineándose con Estados Unidos, Alemania e Italia entre los miembros del G7 que no lo hacen. Posteriormente, en la Conferencia Internacional de Alto Nivel Japón solo ha estado representado por su titular de Exteriores, sin que el anterior primer ministro, Ishiba Shigeru, asistiera una sola vez. En este momento en el que la opinión pública internacional se mueve claramente hacia el reconocimiento del Estado palestino, ¿por qué Japón declina hacerlo?
Sobre las razones que asistían a su Gobierno, Iwaya dijo que se tomó esa decisión pensando ante todo en cuál sería el modo más realista de llegar a una solución, y que si en este momento Japón reconociese el Estado palestino, sería de temer un endurecimiento de la postura israelí. Recalcó que “los palestinos necesitan construir un sistema de gobernanza sólido”, añadiendo que la Autoridad Palestina todavía no está preparada para desempeñar las funciones de un Estado. En resumen, Iwaya dio a entender que, dada la situación política existente en septiembre, Japón consideraba prematuro dar el paso del reconocimiento.
No puede decirse que esta decisión sea totalmente desacertada, ya que la intención que puede apreciarse detrás del giro hacia el reconocimiento del Estado palestino, la de que Francia, Reino Unido y otros países ejercieran su influencia política sobre Israel, ha terminado en un fracaso. Con los ataques reanudados en marzo y el subsiguiente bloqueo, la situación en Gaza se había vuelto catastrófica, con más de 65.000 personas muertas, algunos cientos de ellas a causa de la hambruna o de enfermedades causadas por la desnutrición. En este contexto, Francia y Reino Unido hicieron público en julio que si Israel no tomaba medidas efectivas para poner fin a esta catastrófica situación, reconocerían el Estado palestino en la Asamblea General de la ONU. Cabe pensar que el aviso se hizo con dos meses de antelación con la esperanza de que durante ese plazo se tomaran las medidas necesarias.
Sin embargo, haciendo caso omiso de estas advertencias, tres días después de que se adoptara la Declaración de Nueva York, Israel reemprendió sus operaciones terrestres en la ciudad de Gaza. Que, pese a haberse hecho el anuncio con antelación, justo antes de celebrarse la Asamblea General de la ONU, Israel iniciara sus ataques puede interpretarse como un mensaje de que Israel reacciona y no está dispuesto a claudicar ante la presión de la comunidad internacional, especialmente de los países europeos. Dicho de otra forma, jugar la carta política del reconocimiento del Estado palestino no ha conducido a nada y, aunque sea triste decirlo, la apuesta de Francia y Reino Unido ha terminado en un fiasco. En ese sentido, puede decirse que la postura adoptada por Japón, una vez conocido el fracaso, de no sumarse al reconocimiento tiene su lógica.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, aislado internacionalmente, hizo gala en la red social X del apoyo que seguía recibiendo de Estados Unidos, y difundió su determinación de no dejarse vencer por el “intento de los países de Europa occidental y ciertas organizaciones de cercar a Israel”.
Quedaban, ciertamente, muy pocas esperanzas de que ejerciendo nuevas presiones sobre un Israel tan endurecido pudiera cambiarse el rumbo de la situación en las regiones autónomas de Palestina, especialmente en la franja de Gaza. El reconocimiento del Estado palestino es una carta diplomática que solo puede usarse una vez, ya que no puede revocarse. Parece ser que el Gobierno de Japón ha optado por reservarse esa carta para un momento más oportuno. Hay también otros países, como Bélgica o Singapur, que por las mismas razones decidieron finalmente posponer el reconocimiento pese a haberse mostrado dispuestos a darlo en un primer momento.
Japón clarifica su postura favorable a la solución biestatal
Pero se ha señalado la existencia de otra circunstancia, más persistente, como razón de que Japón haya aplazado su reconocimiento, y es su relación bilateral con Estados Unidos. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el tratado de seguridad que une a ambos países está en la raíz misma de la política exterior japonesa y de su sistema de seguridad nacional. Y Estados Unidos, el aliado de Japón, había expresado ya su oposición a que se reconozca el Estado palestino.
Desde su primer mandato, el presidente estadounidense Donald Trump había tomado una postura abiertamente proisraelí, patente en decisiones como la de situar a su yerno Jared Kushner, de origen judío, como responsable de su política para Oriente Medio. Se ha mostrado crítico frente al actual giro internacional a favor del reconocimiento, pues, como dijo durante un debate de la Asamblea General de la ONU, interpreta ese reconocimiento como una suerte de “recompensa para Hamás” por sus ataques del 7 de octubre de 2023. Probablemente, Japón consideró que contrariar a Estados Unidos en este punto y alinearse con los países europeos, tan críticos con Israel, dando reconocimiento al Estado palestino, sería a la larga contrario a sus intereses nacionales en política exterior y seguridad nacional.
Estas líneas maestras de la política exterior japonesa de priorizar la relación con Estados Unidos se han sostenido a lo largo del tiempo. Después de la Asamblea General de la ONU, en Japón hubo cambio de primer ministro y su nueva titular, Takaichi Sanae, primera mujer en ocupar el cargo, mantuvo esa misma postura durante la visita de Trump a Japón, apenas una semana después de su toma de posesión. Los dos puntos más importantes en la cumbre bilateral fueron, por una parte el reforzamiento de la alianza entre los dos países y, por la otra, confirmar que entre ambos líderes existía una relación de entendimiento y confianza. Al no haberse hecho público ningún comunicado conjunto después de la reunión, es difícil saber qué temas concretos se trataron o si se llegó a algún acuerdo en lo concerniente a la situación en Oriente Medio, pero, salvo que haya cambios importantes en la situación, no parece probable que Japón se desmarque de la política estadounidense y proceda por su cuenta y riesgo a reconocer el Estado palestino.
En cualquier caso no hay que olvidar que, a partir de los Acuerdos de Oslo de 1993, Japón viene apoyando la solución biestatal al conflicto entre Israel y Palestina. En su intervención durante el debate general del 80.º Periodo de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el entonces primer ministro Ishiba dejó en claro que Japón ha apoyado y sigue apoyando esta solución, y que el problema del reconocimiento “no consiste en decidir si se hace o no se hace, sino cuándo se hace”. Se confirmó así que la postura política de Japón es clara y que solo resta encontrar el momento más apropiado para proceder al reconocimiento. Ishiba confirmó también que Japón está decidido a continuar con la asistencia internacional a Palestina para fortalecer tanto su autonomía económica como sus capacidades de autogobierno.
En Japón se han vertido algunas críticas al Gobierno por no haber dado el paso del reconocimiento pese a esta claridad en su orientación política general. Change.org, una plataforma que promueve la recogida de firmas para diversas causas, consiguió cerca de 40.000 para su campaña a favor de que el Gobierno de Japón reconozca ya el Estado palestino. Dicha plataforma sostiene que ya antes del último pleno de la ONU 147 de los 193 países miembros, es decir, el 76 %, han reconocido el Estado palestino, y que elevando a Palestina a la categoría de Estado, de forma que puedan aplicárseles las leyes de los derechos, el derecho humanitario y el resto del derecho internacional, podrá garantizarse el derecho de los palestinos a vivir en paz y libertad, respetando su derecho a la autodeterminación.
Una política propia en Oriente Medio
No quiere decir todo lo anterior que en su política respecto de Oriente Medio Japón haya secundado siempre a Occidente. Durante la crisis del petróleo de 1973, causada por la Cuarta Guerra de Oriente Medio (Yom Kipur), el entonces secretario en jefe del gabinete, Nikaidō Susumu, hizo público su apoyo a la autodeterminación del pueblo palestino. No faltó quien ironizara sobre ese apoyo, atribuyéndolo al deseo de Japón, país pobre en recursos y dependiente para su abastecimiento de crudo de los países del Golfo Pérsico, de congraciarse con los árabes. En todo caso, Japón demostró en aquella ocasión que, al menos en cierta medida, era capaz de tomar decisiones políticas independientes.
Japón tampoco se sumó a la declaración conjunta emitida por los miembros del G7 que se reunieron dos semanas después de que Israel desencadenase la Guerra de Gaza en octubre de 2023. En dicha declaración se apoyaba el derecho de Israel a la autodefensa, pero se le instaba a respetar las leyes humanitarias internacionales. Cuando se le preguntó por la negativa de Japón a suscribir la declaración, el entonces secretario en jefe del gabinete, Matsuno Hirokazu, aludió a que no había habido víctimas japonesas. Pero en este comedimiento mostrado por Japón puede entreverse también su deseo de mantener una cierta distancia cuando los ánimos se crispan y no precipitarse.
En tanto siga manteniendo su postura básica de apoyar la solución biestatal, llegará el momento en que a Japón se le pida también que dé el paso del reconocimiento. Pero hoy en día el odio y la cólera separan a las partes implicadas en el conflicto, y la paz está más lejos que nunca. Si se pone fin a los combates en Gaza y se consiguen avances en la reconstrucción y en el restablecimiento de las condiciones de seguridad, ambas partes dispondrán de una mayor holgura para dar nuevos pasos. Plantear el problema del reconocimiento del nuevo Estado una vez se haya llegado a esa fase puede ser una forma de promover de forma realista la paz en la región.
Fotografía del encabezado: Jóvenes de Ramallah ondean banderas palestinas al recibir con alborozo el anuncio de que Reino Unido y Francia reconocían el Estado palestino, el 23 de septiembre de 2025. (Fotografía: Kyōdō Press)
(Traducido al español del original en japonés.)



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