Yosano Akiko, la poeta que se adelantó a su tiempo

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Yosano Akiko (1878-1942) irrumpió brillantemente en el mundo de la tanka con su colección Midaregami. Pero su actividad no se circunscribe a la poesía. Durante la era Taishō (1912-1926) publicó notables artículos sobre temas como la igualdad de género o la independencia económica de la mujer, en los que demostró una gran visión de futuro. Fue también una firme defensora de paz hasta el final.

Una actividad compleja y no suficientemente bien conocida

Yawahada no
atsuki chishio ni
fure mo mide
sabishikarazu ya
michi wo toku kimi

“Y tú que enseñas lo justo,
sin siquiera haber probado
a tocar la blanda carne
en la que hierve la sangre,
¿no te sientes solo y triste?”

(Poema incluido en la colección Midaregami)

Este famoso poema será lo primero que les venga a la mente a muchos japoneses al oír hablar de Yosano Akiko.

Midaregami, que canta desacomplejadamente el amor libre, fue publicado en 1901, todavía en la era Meiji (1868-1912). Akiko dio rienda suelta al sentir de la mujer joven y enamorada en una época en la que Japón continuaba regido por códigos y sistemas de valores anticuados, que coartaban su libertad vital. Pero su legado no se circunscribe a la poesía, abarca otros muchos campos, pues a las 24 colecciones de poemas, incluyendo algunas obras en coautoría, que publicó a lo largo de su vida, hay que sumar una versión moderna del clásico Genji monogatari, 100 cuentos infantiles y más de 600 poemas y cancioncillas también para los niños.

Eso, por lo que atañe a la Akiko literata. Porque, además, durante un largo periodo escribió artículos en periódicos y revistas sobre temas como educación o igualdad de género. Su actividad ensayística dio para publicar 15 tomos, pese a lo cual, como periodista, una faceta en la que demostró durante toda su carrera una notable visión de futuro, todavía no ha recibido una correcta valoración. Akiko hizo todo esto criando, al mismo tiempo, un total de 11 niños a lo largo de su vida y no hay duda de que esta experiencia como “madre trabajadora” influyó en gran medida en su capacidad para hacer propuestas de carácter muy moderno sobre el modo de vida de las mujeres.

Una búsqueda de la igualdad y de la libertad

Portada de Midaregami. (colección de la Biblioteca Nacional de la Dieta)
Portada de Midaregami. (colección de la Biblioteca Nacional de la Dieta)

Yosano Akiko nació en Sakai (prefectura de Osaka) en 1878. Su familia era propietaria de la tienda llamada Surugaya, que fabricaba y vendía desde hacía mucho tiempo dulces tradicionales japoneses. Akiko era la tercera de los hermanos. Su hermano mayor, Hō Hidetarō, que estudió en la Universidad Imperial (actual Universidad de Tokio), llegó a ser profesor de su Facultad de Ingeniería y un famoso científico. Como escolar, Akiko también destacó en las ciencias, pero su condición de mujer frustró todas sus aspiraciones académicas y tuvo que conformarse con unos estudios equivalentes a lo que hoy en día sería un graduado de la secundaria. Obligada a ayudar en la contabilidad del negocio familiar desde su adolescencia, Akiko tuvo siempre una dolorosa conciencia de la discriminación que sufrían las mujeres.

En 1900 ingresó en Shinshisha, un círculo de poetas creado por Yosano Tekkan, figura central del movimiento de renovación del waka (poesía tradicional japonesa). Los primeros versos de Akiko vieron la luz en la revista Myōjō, órgano del círculo. En 1901, con solo 22 años, consiguió publicar su primera colección, Midaregami, que causó sensación. Frente al waka tradicional, que abordaba con clásica elegancia motivos principalmente naturales, desde sus primeros pasos Akiko se postula como una autora innovadora y profundamente apegada a la modernidad.

Eran años en que la libertad de expresión se reprimía con dureza. La publicación de Myōjō fue suspendida por “pervertir la moral pública” con sus desnudos. Igualmente, fueron proscritas algunas de las novelas de escritores próximos al círculo renovador, como Nagai Kafū o Mori Ōgai. Estos hechos debieron de producir en Akiko una viva sensación de miedo ante los ataques y amenazas a la libertad de expresión y pensamiento.

Yosano Tekkan. (colección de la Biblioteca Nacional de la Dieta)
Yosano Tekkan. (colección de la Biblioteca Nacional de la Dieta)

Por ello, para Akiko, igualdad y libertad son dos conceptos clave desde sus comienzos. Y el hecho de que esta actitud no procediera de las enseñanzas recibidas en la escuela ni de sus lecturas, sino de su propia experiencia, se convirtió en un importante activo a su favor.

Una severa mirada a la sociedad

Aa, otōto yo, kimi wo naku,
kimi shinitamō koto nakare,
sue ni umareshi kimi nareba,
oya no nasake wa masarishi mo
oya wa yaiba wo nigirasete
hito wo korose to oshieshi ya
hito wo koroshite shine yo to te
ni-jū-yon made wo sodateshi ya.

“¡Hermanito, por ti lloro,
no vaya a ser que te mueras!
Benjamín de la familia,
de afecto fuiste colmado.
¿Te enseñaron a empuñar
el hierro que al otro mata?
¿Para matar y morir
llegaste a los veinticuatro?”

El poema Kimi shinitamō koto nakare (“No vaya a ser que te mueras”), inspirado por la incorporación a filas de su hermano menor, se publicó en septiembre de 1904, con el país inmerso en la guerra ruso-japonesa. No tardó en ser criticado de ignorar la situación, pero Akiko salió al paso diciendo que aquello era un simple poema y que lo que ella se proponía era expresar sus sentimientos más sinceros. No hay por qué hacer una lectura estrictamente antibelicista de un poema que, ante todo, da voz a un sentimiento enteramente natural de angustia por la suerte de un ser querido pero, en todo caso, es un buen ejemplo de la osadía con que Akiko se había resuelto a expresarse. Tenía entonces 25 años, estaba casada con Tekkan, que había sido su maestro, y era madre de dos hijos.

Atarashiki
Kafū no fude no
monogatari
baken no gotoku
kinzerare ni ki.

Eitarō,
Tōsuke to iu
daijin wa
bungaku wo shirazu
aware naru ka na.

Son dos de sus poemas aparecidos en 1909. En el primero, compara irónicamente la proscripción de las novelas de Nagai Kafū Furansu monogatari (“Historias de Francia”) y Kanraku (“El asedio”) con la de las apuestas a los caballos. En el segundo, hace desfilar los nombres de dos ministros (el de Educación, Komatsubara Eitarō, y el de Interior, Hirata Tōsuke), ambos destacados represores de la libertad de expresión, para tacharlos de ignorantes en temas literarios. Estamos otra vez ante la sorprendente osadía de Akiko, que si encandiló a su público con Midaregami, lo desconcertaba ahora con su giro temático.

En las colaboraciones que enviaba a revistas durante esta misma época, se burlaba de los censores que revisaban estas publicaciones y propugnaba métodos educativos insólitos en su época, como tratar de igual modo a los niños y a las niñas hasta su llegada a la pubertad, para que no fueran conscientes de las diferencias entre los sexos.

Un hecho que favoreció el desarrollo de todo este potencial intelectual de Akiko fue el viaje a Europa que emprendió con su marido en 1912. Experiencias como haber conocido al escultor Auguste Rodin o haber sido entrevistada en periódicos y revistas francesas, redundaron en una mayor confianza en sí misma y Akiko pudo sentirse orgullosa también de su actividad periodística.

Proliferación de revistas femeninas

La reorientación de Akiko hacia la temática social que se advierte a su regreso de Europa se debió principalmente a dos factores. Por una parte, los medios de comunicación necesitaban a Akiko; por la otra, ella misma había encontrado una veta que quería desarrollar.

La era Taishō (1912-1926), que fue el periodo de mayor actividad crítica de Akiko, marcó también el apogeo de la prensa escrita, que alcanzó una inmensa influencia social. La maduración cívica de la sociedad trajo consigo una mayor demanda de información y esto imprimió un fuerte impulso a la tirada de los periódicos. Un aspecto que no hay que perder de vista aquí es el incremento del público lector femenino. Se promulgaron leyes educativas que impulsaron la construcción de nuevas instalaciones para escolarizar a las mujeres y en respuesta a esto se sucedieron los lanzamientos de nuevas revistas para ese público. Dada la situación, se esperaba mucho de la capacidad de Akiko para abordar en sus artículos un amplio rango de temas, pues además de haber ensanchado su panorama intelectual con su viaje por Europa, estaba criando a sus hijos. Decíamos que los medios de comunicación necesitaban a Akiko pero quizás sea más apropiado decir que era la época la que la necesitaba y esto se convirtió en un importante factor externo en el desarrollo en su carrera.

Por otra parte, decíamos que Akiko había encontrado una veta, un tema con el que podía comprometerse. Se trata de la consecución de los ideales de igualdad y libertad. Si fue capaz de escribir sobre esta cuestión durante más de 20 años fue porque la sentía como un problema propio y personal. Hablamos, pues, de un factor interno. Consciente de tener una formación académica incompleta, no escatimó esfuerzos en su ajetreado día a día para absorber todo lo que le ofrecían los libros y las revistas, demostrando un raro talento para ir cultivando de esta forma un pensamiento cada vez más profundo.

“El hogar ideal es aquel en el que se establece una relación igualitaria entre hombre y mujer, alcanzando también esta su independencia económica”. “Hoy en día los hombres soportan jornadas laborales excesivamente largas. También ellos deberían dedicar tiempo a la crianza de los niños y a las tareas domésticas”. “En una sociedad en la que todos trabajasen, podrían acortarse las jornadas y dedicar el tiempo libre a muchas otras cosas”. “No solo se aprende en la escuela. El ser humano continúa aprendiendo a lo largo de toda su vida”.

Cuesta creer que Akiko pudiera escribir todas estas cosas en una época en que ni siquiera existían expresiones o conceptos como “igualdad de género”, “conciliación de vida laboral y familiar”, o “aprendizaje continuo”. Es una prueba de su portentosa visión de futuro.

En aquel entonces, el número de mujeres que trabajaban en las manufacturas iba en aumento y en círculos intelectuales se discutía sobre cómo mejorar las duras condiciones laborales que padecían o cómo ayudarlas económicamente, lo que se dirimía en términos de “protección de la maternidad”. En este debate, Akiko se midió con figuras como la pensadora y activista Hiratsuka Raichō o la socióloga Yamakawa Kikue, pero sus razonamientos estaban tan adelantados a su tiempo que no era fácil entenderse con ella. Cabe imaginar que eran muy pocos quienes podían comprender los sistemas sociales y los modos de vida individual que propugnaba Akiko.

Una influencer con dotes publicitarias

Su relación con los medios no se limitaba a sus colaboraciones en periódicos y revistas. Durante la era Taishō, junto al desarrollo económico vino la extensión de las costumbres urbanas y de la sociedad de consumo, y floreció la cultura de la publicidad. Pululaban eslóganes publicitarios como “Hoy [vamos al] Teatro Imperial, mañana [a los grandes almacenes] Mitsukoshi”. Fue la época en que se impuso el modelo de negocio de los grandes almacenes, y Akiko trabajó como asesora de Takashimaya, participando en el Hyakusenkai, un evento para promover la venta de kimonos, durante más de 20 años. Además de inspeccionar los artículos que llegaban cada estación del año de todos los rincones del país, contribuyó de otras muchas maneras (eligiendo colores de moda y proponiendo nombres para ellos, o colocando sus poemas en pósteres y hojas informativas. Podríamos decir que fue una copywriter o redactora publicitaria.

Portada del libro Jānarisuto Yosano Akiko (“La Yosano Akiko periodista”; editorial Tanka Kenkyūsha, 2022). La fotografía muestra a Akiko durante el evento Hyakusenkai de los grandes almacenes Takashimaya, hacia 1921.
Portada del libro Jānarisuto Yosano Akiko (“La Yosano Akiko periodista”; editorial Tanka Kenkyūsha, 2022). La fotografía muestra a Akiko durante el evento Hyakusenkai de los grandes almacenes Takashimaya, hacia 1921.

En 1920, el fabricante de bebidas de bacterias de ácido láctico Calpis utilizó en su campaña publicitaria un eslogan creado a partir de un poema de Akiko, que apareció en los periódicos varias decenas de veces. Decía: Calpis wa kushiki chikara wo hito ni oku atarashiki yo no kenkō no tame (“Calpis confiere una misteriosa fuerza, que es la salud de esta nueva era”).

Mishima Kaiun, creador de la bebida, era un gran entendido en estrategias publicitarias. Se cuenta que solicitó a Akiko que compusiera un poema para la bebida después de haber visitado el hogar familiar y conseguido que la probasen. Esta anécdota es un buen indicativo de hasta qué punto la poeta se había convertido en un personaje famoso e influyente en muchas áreas, algo así como una influencer. Su gran sensibilidad lingüística la apreciamos también en el uso que hace en este poema de la palabara kenkō (salud), que en aquellos tiempos todavía no había alcanzado su actual difusión.

Fotografía de presentación de Akiko en Ai no sōsaku (“La creación del amor”), colección de ensayos publicada en 1923. (Kyōdō Press)
Fotografía de presentación de Akiko en Ai no sōsaku (“La creación del amor”), colección de ensayos publicada en 1923. (Kyōdō Press)

Por cierto, hablando de la salud, en aquellos tiempos se estaba propagando por el mundo la llamada “gripe española” y Akiko reprendió ásperamente al Gobierno de Japón por no haber decretado con suficiente antelación el cierre temporal de escuelas y grandes fábricas, entre otros lugares donde la gente se hacinaba, para reducir el riesgo de contagio. Como se ve, también en este campo de la salud pública hacía propuestas muy razonables basadas en firmes conocimientos científicos.

Calibrar la época

La octava colección de ensayos de Akiko es la titulada Gekidō no naka wo iku (“Caminando en la vorágine”). Ciertamente, le tocó una época turbulenta, jalonada de guerras: Japón se enfrentó primero a China, luego a Rusia y más tarde participó también en la Primera Guerra Mundial. Un gran conflicto armado cada década.

Poco antes del fin de la Primera Guerra Mundial, Akiko publicó un alegato a favor de la paz en Rikugō Zasshi, una revista de pensamiento cristiano conocida por ser vehículo de las nuevas ideas.

“En el plano individual, tratar de probar que uno tiene razón hiriendo o matando a otra persona, o irrumpir armado en la casa de alguien que no lo está amparándose en alguna reivindicación personal supuestamente justa son consideradas acciones injustificables por mucho que se adornen con bellas palabras. ¿Cómo, entonces, pueden considerarse honrosas, justas o buenas cuando las cometen los Estados?”

(Sensō ni tsuite no kōsatsu, “Una reflexión sobre las guerras”, abril de 1918).

En julio del mismo año publicó este poema en un periódico:

Onna yori
chie ari to iu
otoko-tachi
kono tatakai wo
yamenu kashikosa

“Son los hombres reputados
más sabios que las mujeres.
Tal es su sagacidad,
que les impide poner
punto final a esta guerra”

(Poema recogido en la colección Hi no tori)

Akiko no sintió incompatibilidad alguna por el hecho de ser al mismo tiempo poeta y periodista. La figura de esta mujer que supo tomarle la medida al mundo que la rodeaba sigue siendo hoy en día fuente de valor para todas nosotras.

Fotografía del encabezado: Colección de la Biblioteca Nacional de la Dieta

(Traducido al español del original en japonés.)

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